Desde la edad media hasta nuestros dias

Es a partir del siglo X, con el descubrimiento o redescubrimiento de la destilación, base de la alquimia, por el médico y filósofo árabe Abu Ali Ibn Sina, más conocido como Avicena, cuando se produce el resurgimiento del uso de los aromas.

El primer aceite esencial que Avicena destiló fue el de la rosa, y el agua de rosas no tardó en hacerse famosa.

A través de la destilación de vapores se consiguen extraer los aceites esenciales de las distintas plantas aromáticas.

Los cruzados llevaron sustancias aromáticas desde Oriente a Europa, donde pronto se desarrolló una industria del perfume.

En este periodo la medicina herbal adquirió una gran importancia.

La humanidad no disponía de otra arma defensiva contra las infecciones que las plantas aromáticas y sus extractos.

La peste arrasó toda Europa mermando considerablemente la población, y los perfumistas consiguieron beneficiarse de una protección contra la peste debido al uso y conocimiento de los extractos naturales .

En el año 1370, en Hungría se elaboró el primer perfume con alcohol, base que consiguió absorber y fijar con más intensidad los aceites esenciales.
Esta técnica revolucionaria dejó la margen la elaboración tradicional de los perfumes cuyas bases estaban compuestas por diferentes aceites y grasas.

Edad media

El siglo XVII fue el periodo de máximo esplendor de los herbolarios ingleses.

Personajes como Culpeper, Parkinson y Guerarde alcanzaron gran prestigio y sus estudios sobre las propiedades de los aceites esenciales, y la medicina herbal, son reconocidos aún en nuestros días.

La herboristería adquirió gran popularidad, pero al mismo tiempo quedó empañada por los primeros estudios de química .

Hasta el siglo XIX, la humanidad había dependido de las plantas para la elaboración de las medicinas; pero en este siglo se produjo el florecimiento de la química como disciplina, lo que permitió sintetizar los remedios vegetales en el laboratorio. Los productos químicos resultaban más baratos y de fácil elaboración.

A pesar de ello las investigaciones sobre los aceites esenciales y sus propiedades continuaron.
En 1887 el profesor francés Chamberland efectuó la primera experimentación científica demostrando el poder antiséptico de los aceites esenciales.
Y en 1910 el inglés Martindale cuantificó el poder antiinfeccioso de los aceites esenciales y procedió a su clasificación.

En el siglo XX, el interés por los tratamientos naturales adquirió renovada importancia.

Fue acuñado el término “aromaterapia” por el químico francés René Gattefossé.

Él había descubierto de forma accidental la eficacia del aceite de lavanda sobre las quemaduras mientras se hallaba trabajando en su laboratorio de perfumería.
Al descubrir las propiedades curativas del aceite de lavanda, decidió seguir investigando sobre los aceites esenciales y sus propiedades.

En 1928 publicó su primer libro, “Aromathérapie”, al que siguieron numerosos artículos y textos relacionados con la terapia y los aceites esenciales.

Jean Valnet, seguidor de los estudios realizados por Gattefossé, empleó durante la segunda guerra mundial aceites esenciales de clavo, limón y manzanilla como desinfectantes y antisépticos naturales para fumigar las salas de hospitales y esterilizar el instrumental quirúrgico.
Así mismo, utilizó los aceites esenciales en el tratamiento de las heridas de guerra y, posteriormente, en tratamientos de tuberculosis, diabetes y otras enfermedades, alcanzando grandes éxitos.

Valnet publicó numerosos artículos sobre las propiedades curativas de la aromaterapia y en 1964 publicó una importante monografía “Aromathérapie”, considerada como una obra cumbre con la que la aromaterapia alcanzó el reconocimiento como disciplina a tener en cuenta.

La aromaterapia fue fomentada con entusiasmo por Marguerite Maury, bioquímica y esteticista austríaca. Desde 1940 hasta 1968 (año en que murió), publicó dos libros, dio conferencias, abrió centros de aromaterapia en París, Suiza e Inglaterra. Impartió cursos en los que daba información sobre el uso de aceites esenciales en sus efectos rejuvenecedores y cosméticos. Ella comprendió la importancia de prescribir para un individuo una mezcla de aceites que le devolviesen el equilibrio, y no sólo en el aspecto físico, sino también en los niveles mental y emocional. También fue la primera persona que estableció la técnica de aplicar aceites esenciales, diluidos en aceite vegetal, para el masaje.

En Francia existen más de 1500 médicos que se han formado en el tema, y prescriben los aceites esenciales tanto para uso interno como externo.

En Gran Bretaña su expansión a sido gracias a Robert Tisserand que en la actualidad es una de las personalidades destacadas en la investigación y el reconocimiento de los efectos terapéuticos de la aromaterapia.

Es el fundador de la organización más importante dedicada a la investigación y educación sobre la práctica de la aromaterapia, el Tisserand Institute .