Ley de Hering

Hering, dos años después de la muerte de Hahnemann, describió en el prólogo de la primera edición norteamericana de las “Enfermedades crónicas” (un notorio tratado de Hahnemann), lo que se ha dado en llamar la Ley de Hering.

Para ello, este alemán emigrado a Estados Unidos se basó en los escritos del propio Hahnemann, complementando con su gran observación los parágrafos del Organon. La ley se refiere al Orden duración natural; o sea, a la secuencia en que ocurren los acontecimientos en la curación natural, es decir , aquella “curación ideal” que no es meramente sintomática o supresiva y que por tanto podría considerarse como definitiva. Así pues, según Hering, el Orden de curación Natural sería el siguiente:

En orden inverso a la aparición de los síntomas

  • DE DENTRO HACIA FUERA

Quiere decir desde órganos y visceras hacia las mucosas y piel. Esto se comprende mejor en el caso de enfermedades agudas, en las que se sabe bien que la supresión de una erupción cutánea no tiene utilidad y que es en realidad después de la curación en los órganos internos, cando aparece la erupción. 

Sirven aquí esas expresiones populares que se usan para relatar algún caso grave y complicado de una enfermedad vírica exantemática diciendo: “Se le quedó dentro el sarampión”, o esta otra: “Se puso muy mal porque no le rompía el sarampión y le tardo mucho en salir”. 

Este punto de la Ley de Hering viene a descalificar los tratamientos supresivos, especialmente en el caso de erupciones cutáneas y por extensión, en los síntomas de eliminaciones por la piel, mucosas y demás órganos emuntorios. 

  • DE ARRIBA HACIA ABAJO Quiere decir de la cabeza hacia los miembros, entendiendo que esto es una dirección centrífuga, como el punto primero. 
  • EN ORDEN INVERSO A LA INSTAURACION DE LOS SINTOMAS.

Este punto hace mayor referencia o se comprende mejor en las enfermedades crónicas. Hahnemann enunció un orden de curación de las enfermedades agudas en el que decía que el primer síntoma en aparecer sería el primero en desaparecer.

Por ejemplo: tenemos de nuevo una enfermedad eruptiva en la que la afectación interna ya se ha superado y pese al restablecimiento general del enfermo, persiste la erupción exantemática, que fue el síntoma más reciente. Este punto es pues para los casos crónicos, sobre todo si se registra el orden aparición de los síntomas a lo largo de los años incluso. Así, se entendería que la curación verdadera será solo la que haga desaparecer los síntomas precisamente en el orden inverso de su aparición, atribuyendo pues a este orden la cualidad de Orden lógico y por tanto cualquier otro orden sería erróneo y no definitivo ni real. Ilustra bien este tercer punto este caso:

Un individuo que en su infancia tuvo eccema, en la adolescencia asma, en la juventud diarreas y al hacerse adulto reumatismo articular. Aquí se supone que el tratamiento ideal debería hacer desaparecer los síntomas del reumatismo lo que haría reaparecer las diarreas; más tarde haría desaparecer las diarreas lo que entonces debería provocar la aparición del asma; el tratamiento seguirá actuando al hacer entonces desaparecer el asma haciendo aparecer el eccema; a este eccema el tratamiento lo hará desaparecer de un modo no supresivo consiguiendo por tanto la curación.

Ley de Hering

La Ley de Hering pese a estar enunciada por un homeópata y dirigirse, por lo tanto, a la homeopatía, hace referencia a las leyes de la curación natural, en realidad el curso de los acontecimientos en la “curación real” que pretenda cualquier terapéutica de reaccióny por tanto no supresiva (orden natural de curación).

Hering pretendió establecer lo que sería la sucesión de los hechos en la Vis Naturae Medicatrix de los griegos (fuerza vital)  a la que  ya decía Hipócrates- hay que ayudar, favorecer o potenciar, pero jamás interferir.

Pero no se puede descartar, tanto por lo observado en la clínica y en la experiencia como por lo que desconocemos todavía, que una curación válida ocurra sin cumplir rigurosamente con el orden establecido por la Ley de Hering. 
Esta Ley es casi un ideal que, como decía el proverbio, es como las estrellas; pues nos marcan el camino aunque nunca lleguemos a alcanzarlas.

Debemos dar todo su valor al enunciado de esta ley que tanto aporta sobre el casi misterioso hecho del curso de la enfermedad/curación, pero sabemos que no se puede ni se debe convertir en un estandarte sectario que invade hechos evidentes y probados de mejorías permanentes y exentas de complicaciones. 
Estas mejorías se pueden ver en la práctica, realizadas con terapéuticas reaccionales y que no han podido reproducir esta rigurosa sucesión de los hechos. Quizá hay mecanismos más sutiles más allá de nuestros conocimientos evidentes. Son hechos que están ahí y deben ser tenidos en cuenta, sin temor a ser rechazados por los ortodoxos, pues el conocimiento humano no se ha parado.”